miércoles, 9 de febrero de 2011

III. Reina de corazones


La reina de corazones puede poseer todos los corazones, precisamente porque no tiene propio. Su privilegiada condición le permite ser cruel, despiadada, fría, calculadora, indiferente a todo.
Las lágrimas le hacen cosquillas, los gritos de dolor la estimulan, los besos apasionados le dan náuseas o la descomponen por una semana.
No tiene altibajos, nunca duda, jamás la han visto atormentada. Siempre luce jovial y enérgica.
Gana siempre al ajedrez. Y su reino es un reloj que jamás atrasa.
Sólo sufre jaqueca una vez al día, curiosamente al atardecer. Cuando el sol abandona la tierra y tiñe de rojo y nostalgia la mirada de todos sus súbditos, una insoportable envidia la carcome. Entonces, sin otro remedio, se encierra en su cuarto lleno de corazones sangrantes, cierra los postigos y se sienta a esperar a que pase ese odioso momento del día.
Por lo demás, siempre tiene todo bajo control.

No hay comentarios:

Publicar un comentario