
Pero entonces, ¿cuál era la realidad, sino aquellos sueños que se proyectaban como una película interminable delante de sus ojos?
No, no puede ser ese sol mezquino, ni estas calles gastadas y grises. No puede ser ese silencio de pájaros migrados, de niños inexistentes corriendo por la calle.
La realidad tiene que ser la otra, esa que se dibuja con colores invisibles, esa que ella sueña con los ojos muy abiertos, en una eterna noche oscura.
La realidad tiene que ser esa que cada tanto le arrebata una sonrisa, y hasta a veces la hace reír.
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