miércoles, 9 de febrero de 2011

I. Unicornio rojo


Los unicornios rojos no pasan desapercibidos. No pueden darse ese lujo. Su destino no es el claro de un bosque, ni la feliz tranquilidad de una colina, ni siquiera el reposo alado de los cielos.
Los unicornios rojos saben que su existencia se debate entre una vida pública, llena de exposiciones, y otra absolutamente oscura, en la clandestinidad.
Algunos dicen que cuando se cansan de las sombras de las cuevas y los pantanos y finalmente deciden salir a la luz, es tan fuerte el impacto del sol sobre su tersa piel, que parecieran desplegarse cintas anaranjadas a su alrededor.
Pero esto sólo ocurre cada miles de años, cuando los extraños unicornios rojos deciden aceptar su condición de únicos en el mundo, de rojos, y mostrarla libremente. Sólo su mirada es negra, negra y oscura, como un abismo interminable.

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