
Había ganado la guerra. ¿Había ganado la guerra?
Estaba ileso, y la bandera de su ejército finalmente se enarboló en el cielo turbio.
Pero no podía engañarse. Ya nada volvería a ser igual.
Más tarde regresaría, él encabezando la procesión triunfante, lloverían sobre él coronas y pétalos de flores.
Sabía que era un espectáculo necesario. Era necesario justificar ese otro espectáculo que era el campo de batalla en ese instante. Cuántas vidas interrumpidas para que flameara esa bandera en el cielo, para que llovieran rosas y laureles sobre un lomo que quedaría para siempre bañado de sangre.



